DARRICAU Y EL CHOCOLATE, CIEN AÑOS DE PASIÓN AL SERVICIO DE LOS BORDELESES

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    Darricau y el chocolate, cien años de pasión al servicio de los bordeleses

    Autor: Claude Mandraut -Blog - Twitter

    La Casa Darricau deleita desde hace cien años a todas las generaciones de gourmets de Burdeos. Esta Casa, que al principio fue pastelería y salón de té, se orientó hacia el chocolate en 1994. El maestro chocolatero Michel Garrigue, quien ha tomado el testigo de sus padres y de sus abuelos, da rienda suelta a su creatividad para exaltar las cualidades gustativas de los chocolates "grand cru", que selecciona con el mayor rigor y con una pasión siempre presente. Pocos se atreverían a juntar chocolate y albahaca, pero él lo ha hecho. No se priva de ninguna osadía, pero siempre respetando la naturaleza del chocolate.

    Su propuesta incluye unas sesenta variedades, pero algunas de sus creaciones son especialmente solicitadas, como el "pétillant" (chispeante), un praliné lleno de sorpresas. Los chocolates en semi-bruto, envasados en frascos de vidrio, son un juego de variaciones, a cuál más delicioso, con frutos secos. Debo confesar que me resulta difícil resistirme ante estas tentaciones al alcance de la mano. Un pequeño guiño a Japón con la bandeja de sushis. No solo parecen auténticos makis sino que su sabor se nutre de los aromas asiáticos: praliné con cacahuetes y wasabi, ganache al té verde o al alcohol de arroz y a la rosa, y pasta de almendras al jengibre.

    Por último, en honor a la región, Darricau ha concebido el "grano de arena", un praliné a la flor de sal envuelto en avellana molida (mi preferido, es realmente adictivo), el "pavé de Burdeos", un praliné con uvas macerado en vino y envuelto en canela y azúcar, y el "confitado de vino", una ganache cocida a fuego lento con un vino de Graves. Para regalar o darse un capricho, la "caja fin de semana" agrupa, en un embalaje de madera, tres vinos de Burdeos, cuatro chocolates "grand cru", una caja de "pavés de Burdeos" y un tarro de "confitado de vino".

    Todo está elaborado en el taller de la tienda, lo cual explica ese delicioso olor que impregna el ambiente. Para saborear estos chocolates excepcionales, hay que acudir al establecimiento de Burdeos, ya que es el único punto de venta Darricau. Retomando la tradición del antiguo salón de té, Michel Garrigue acaba de rendir homenaje a la "boina vasca", uno de los pasteles (a base de chocolate, cómo no) que había contribuido al renombre del establecimiento. Un producto con color local, puesto que el País Vasco, donde se hace gala de tal accesorio, no está lejos de Burdeos y es por el puerto de Bayona por donde entró el chocolate en Francia.

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    Cómo llegar a Burdeos