LOS SECRETOS DE SAN SERNÍN

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    Los secretos de San Sernín

    Author: Pierre-Brice Lebrun 

    La primera vez que vine a Toulouse, hace muchísimo tiempo, cuando aún no residía en ella, quise ver de inmediato San Sernín. La culpa la tenían Claude Nougaro y su canción «Toulouse», el himno más hermoso dedicado a la Ciudad Rosa. San Sernín merece este bello homenaje: construida en ladrillo rojo, es verdaderamente magnífica. Preferiría que estuviera rodeada por algo más bonito que un parking asfaltado, pero el campanario que se alza hacia el cielo le otorga un gran atractivo. Tiempo atrás fue el centro de un importante monasterio, protegido por una muralla de la que no queda más que la puerta, orientada hacia la Rue du Taur. Aunque Nougaro la llamara «la iglesia de San Sernín», en realidad se trata de una basílica, la mayor basílica romana de toda Europa, algo que los propios tolosanos ignoran a menudo.

    Aquel día, dejé atrás el Capitolio y subí por la Rue du Taur, que conduce directamente a San Sernín, muy cerca del hipercentro: es el camino que recorrió el toro que, en el año 250, dio muerte a San Saturnino, primer obispo de Toulouse (San Sernín es una deformación de San Saturnino), mártir cristino que rechazó participar en un culto pagano. Toulouse era entonces una ciudad romana de gran importancia, cuyas murallas, construidas en el siglo I, albergaban entre 20 000 y 40 000 habitantes.

    San Sernín se compone de 5 naves: dos filas de galerías colaterales sobre cuyos pilares reposa el edificio construido en forma triangular, corren a lo largo de la nave principal, orientada hacia el este. Su altura es vertiginosa.

    El conjunto, majestuoso, impresionante, es más bien sobrio: se trata de un lugar espiritual, claro está, pero también de un lugar histórico, cultural y querido por los tolosanos.

    En el brazo norte del transepto (el transepto es la nave transversal que corta la nave principal en el punto donde se eleva el campanario), los muros y los techos están revestidos de maravillosas pinturas. Hallamos una reproducción fidedigna del altar (el original, construido en mármol blanco de los Pirineos, fue consagrado en 1096 por el Papa Urbano II), y un magnífico Cristo romano del siglo XII. Tras el ábside donde se encuentra el altar (junto al cual el conopeo atestigua el rango de basílica del edificio), en el deambulatorio, las reliquias se conservan en sarcófagos: Toulouse fue en otro tiempo un importante centro de peregrinaje.

    Antes de descencer a la cripta, una curiosidad del embaldosado llama la atención a los aficionados al deporte: ¡las iniciales entrelazadas de Santo Tomas inspiraron el logotipo del club de rugby Stade Toulousain!

    Justo al lado de San Sernín, el patio interior del Museo Saint Raymond alberga un pequeño café, muy acogedor pero no muy conocido, el Jardín de las Antigüedades (Jardín de las Antigüedades), donde se puede tomar una copa o comer a la sombra de laureles, cipreses y palmeras, disfrutando de la serenidad de las viñas y los olivos, lejos del ruido de la ciudad (abierto diariamente de 10:30 a 18:00 h), que encontraremos de nuevo al regresar por la Rue du Taur hacia el Capitolio…

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