EL LIDO FUERA DE TEMPORADA

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    Lido

    Autor: Michele Del Pup

    Conocida por sus playas y por ser la sede del Festival del Cine la isla del Lido reserva, incluso fuera de temporada, rincones y atmósferas especiales para quienes buscan algo diferente y fuera de los grandes itinerarios turísticos.

    Una isla para “saborear”, con ese espíritu de descubrimiento de las cosas pequeñas que el Lido esconde celosamente, sin esperar emociones fuertes que, sin embargo, lo mismo puede darnos, sobre todo cuando la naturaleza se desencadena y el cielo tempestuoso se funde con el mar.

    En una mezcla de pasado y presente que sorprende como, por ejemplo, recordar que en 1202, alrededor de la iglesia de San Niccolò y de sus claustros acamparon, en espera de salir para Tierra Santa, los participantes de la cuarta cruzada, mientras que a pocos pasos, siglos más tarde, se construyó el primer aeropuerto de la ciudad de Venecia que funcionó hasta 1961, año en el que se inauguró el actual.

    La isla debe su desarrollo a la visión de un empresario, Niccolò Spada, que quería construir un gran hotel en el mar, como los de los famosos lugares franceses, tan de moda a principios del siglo pasado, y así fue que, en 1911 se inauguró el Hotel Excelsior.

    Desde el “Gran Viale”, la avenida principal que cruza la isla de este a oeste, es posible perderse en las calles laterales que llevan los nombres de las antiguas glorias de la República Serenisima: Famagusta, Chipre, Zara, Morea y donde se puede admirar la arquitectura del llamado Jugendstil o Liberty de finales de 1800 a las primeras décadas de 1900 cuando el Lido se convirtió en un lugar de moda y quien podía decidió construir aquí su “villa” para sus vacaciones de verano. Y después de un paseo a lo largo de la playa se puede admirar el estilo árabe del Hotel Excelsior que dio el impulsó final al desarrollo de la isla.

    Incluso en otoño e invierno el mar reserva un encanto especial, todos los balnearios cerrados, la playa casi desierta, salvo algún habitante de la isla que pasea o lleva su perro a correr.

    Un encanto un poco decadente, reminiscencia de “Muerte en Venecia” de Thomas Mann, ambientado en gran parte justamente en el Lido de comienzos de siglo.

    Una parte importante de la historia y de los eventos de la ciudad están relacionados con las islas que la rodean, diseminadas en su laguna, entre las que se encuentra el Lido.

    Tan importante que en la primera mitad de 1700 la República de Venecia realizó la imponente obra de los “murazzi” (las murallas), un largo dique de grandes bloques de piedra provenientes de la costa dálmata, levantados para defender la parte más baja de este litoral y de la misma Venecia de la furia del mar y que aún hoy siguen cumpliendo su función y que pueden admirarse con un largo paseo hasta el antiguo y pequeño burgo de Malamocco, donde todavía se respira esa atmósfera de antaño, con ritmos lentos y la cadencia de las estaciones.

    Con un viaje de solo 10 minutos en barco desde la Plaza de San Marcos se puede llegar a esta parte de Venecia, fuera de los grandes flujos turísticos y sumergida en un paisaje inesperado, para descubrirlo paseando o en bicicleta.

    En la web del Municipio de Venecia hay un catálogo y fichas técnicas de todas las antiguas villas del Lido.

                             

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    Cómo llegar a Venecia