TURISTAS, NOVIOS Y PINTORES EN LA PLAZA DE SAN MARCOS

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    Autor: Michele Del Pup

    Pasear por la Plaza de San Marcos, definida como el “salón más bello” de Venecia, es sin duda el destino principal de los turistas que visitan la ciudad.

    Incluso yo, que nací hace más de medio siglo y siempre he vivido en la ciudad, me quedo prendado cada vez que paso por esta plaza que, según la estación del año y el momento del día, siempre ofrece un espectáculo diferente de luces, colores y personas.

    Por la mañana temprano, los venecianos que van a trabajar se apresuran por la plaza casi desierta, al igual que deportistas, extranjeros en algunos casos, que se dirigen a las calles y puentes que la conectan, en su rato de jogging.

    Más tarde empiezan a llegar los turistas dispuestos a capturar con sus cámaras imágenes de la plaza y de ellos mismos desde todos los ángulos posibles; un bosque de brazos levantados con el imprescindible teléfono móvil se mueve haciendo fotos o vídeos breves, que inmediatamente son compartidos en internet a través de diferentes redes sociales para que amigos, conocidos y seguidores no pierdan detalle de su viaje.

    La foto con las palomas nunca falla, y es divertido ver a padres que tratan de convencer a sus hijos, a menudo vacilantes y temerosos, de que sostengan con la mano una paloma para conseguir la imagen de recuerdo más típica.

    Diferentes poses y actitudes varían desde las más graciosas a las más formales, con toda la gama que va desde el imprescindible selfie a las fotos de grupo de animados estudiantes de excursión o de jóvenes japoneses, los cuales se colocan frente a la cámara con aires divertidos y creativos para inmortalizar el momento delante de la basílica o del Palacio Ducal.

    Pero el colmo de la diversión para los turistas es cuando en raras ocasiones durante la época del año que lo permite, la plaza se sumerge en una imprevista e inesperada “acqua alta”.

    Es entonces cuando se viven las escenas más peregrinas frente a este fenómeno inusual para los que no viven en Venecia, en las que se puede ver gente con zapatos y calcetines en mano paseando por la Plaza de San Marcos como si estuvieran en la orilla de la playa, mientras otros descansan tomando el sol.

    En la variedad de colores de la gente que abarrota la plaza, a menudo destaca una pareja de novios que ha venido a casarse a la ciudad más romántica del mundo y a pasar su luna de miel, y se afanan en la búsqueda de un ángulo menos concurrido para hacerse fotos, mientras a su alrededor una legión de turistas los sigue para capturar la estampa también.

    Mientras tanto, en el rincón más tranquilo y solitario, un pintor plasma paciente sobre un lienzo la imagen de las góndolas que se mecen en el fondo de la cuenca de San Marcos y de la iglesia de Santa María de la Salud.

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