EL JARDÍN SECRETO

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    El jardín secreto

    Autor: Alessio Corazza - Twitter

    Verona es una ciudad que sabe embelesar por la belleza con que se muestra, por sus rincones pintorescos, sus animadas plazas, sus edificios majestuosos. Pero, al mismo tiempo, es también una ciudad que sabe esconder algunos de sus tesoros más preciados.

    Esto es cierto, en concreto, cuando se trata del Jardín Giusti. Para mí ha sido un descubrimiento reciente. Es verdad, siempre había oído hablar de ello pero, al igual que muchos veroneses, nunca había estado allí y no sabía muy bien ni dónde se estaba. Quien lo había visto me lo contaba con grandes hipérboles, como una joya. Y yo me decía: «¿Es posible que algo tan poco conocido sea tan extraordinario?».

    Pues bien, la respuesta es sí. Es posible. Y la paradoja es que, probablemente, es más famoso en el resto del mundo que para los propios veroneses. Se quedaron cautivados personajes del calibre de Mozart y Goethe, que paseando por sus senderos bien cuidados, se quedó particularmente impresionado por los cipreses.

    «Un árbol que desde abajo hasta la cumbre tiende hacia el cielo todas sus ramas, tanto las más antiguas como las más nuevas, y que vive sus buenos trescientos años, es verdaderamente venerable», anotó el escritor alemán a propósito de uno de los cipreses, conocido hoy como el «ciprés de Goethe».

    Pero, antes de hablar del Jardín Giusti, es mejor ubicarlo, porque, como ya se ha dicho, puede escapar fácilmente a la vista. Para alcanzarlo, hay que dejar atrás el Teatro Romano y, con el río Adige a la derecha, hay que continuar por la izquierda en vía Santa Chiara. Tras un rato, la calle cambia de nombre y se convierte en vía Giardino Giusti. Y precisamente aquí, en un edificio renacentista en la calle, se accede a través de un atrio del siglo XVI.

    Desde fuera, nada deja percibir aquello que se desvela una vez dentro. Se trata de un prestigioso jardín del siglo XVI a la italiana, cuyo eje central está constituido por una imponente avenida de cipreses que conduce a una escalinata que lleva a una cueva excavada en la roca. Encima de ella, hay una terraza mirador desde la que se domina todo el jardín y se aprecia su diseño geométrico y los juegos de perspectiva que lo hacen parecer aún más grande de lo que es.

    Merece de verdad la pena perderse en este jardín, que es también un pequeño museo al aire libre del arte renacentista y neoclásico. Así lo quiso el conde Agostino Giusti, un noble toscano que se había mudado a Verona y quiso recrear un oasis verde como los que había entonces en su Florencia natal, el primero de ellos el Boboli. Aprovechando la pendiente natural del terreno, se consiguieron las terrazas que permiten al jardín empinarse sobre la colina a sus espaldas y le dan su forma característica.

    Entre los parterres floridos y los setos siempre bien cuidados, hay fuentes de mármol y estatuas que recuerdan a la mitología. Hay incluso un laberinto de setos de boj, que no será tan complicado como el del Minotauro, pero que todavía hoy es uno de los más antiguos de Europa. Y después, muchísimos rincones románticos y encantadores, que lo hacen una meta privilegiada para muchas parejas de enamorados.

    El jardín Giusti se encuentra en el barrio de Veronetta, también lleno de sorpresas. Esta fue la primera zona de la ciudad en volverse de verdad multiétnica, con todo lo que resulta de ello en términos de tiendas y locales. Y es, al mismo tiempo, el barrio donde tiene sede la Universidad de Verona y donde viven, por lo tanto, la mayor parte de sus estudiantes.

    Un punto de partida para explorar Veronetta es plaza Isolo, que se encuentra a cincuenta metros de la entrada del Jardín Giusti. Como dice el mismo nombre de la plaza, esta zona de la ciudad era una isla. Por la que hoy se llama vía del Interrato dell’Acqua Morta discurría un brazo del río Adige. En los tiempos de los condes, desde su precioso jardín, se oía el sonido del agua del río.

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