La ciudad más bonita del mundo

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    Bienvenidos a la ciudad más bonita del mundo

    Autor: Alessio Corazza - Twitter

    La primera vez que me fui de Verona fue después de acabar el instituto. La ciudad en la que había nacido se me quedó pequeña, me parecía demasiado provincial y, en cualquier caso, quería ver mundo, descubrir nuevos sitios, escuchar y hablar en otros idiomas y conocer culturas exóticas.

    Después de casi diez años, volví. Con un montón de experiencias en la maleta y unos cuantos años más, empecé a mirar Verona con ojos nuevos. La volví a descubrir, como si la viese por vez primera, y me enamoré. Y aquí me he quedado.

    Desde el pequeño piso que tengo alquilado cerca del Duomo he recorrido todos los callejones, placitas y puentes de la ciudad. Y he entendido por qué el conjunto del centro histórico ha sido declarado Patrimonio Mundial por la Unesco.

    El legado romano está por todas partes: en las puertas Borsari y Leoni (que se conservan en perfecto estado), en los restos al aire libre visibles desde Via Cappello, o en el Arco dei Gavi.

    La Signoria dei Della Scala, el linaje que hizo de Verona una ciudad importante en la Edad Media, dejó en herencia palacios fastuosos, monumentos fúnebres imponentes (los sarcófagos Arche Scaligere) y un castillo situado en pleno centro de la ciudad (Castel Vecchio) que parece salido de un cuento de hadas.

    Pero es que además de estos monumentos, todos los edificios presentan un estilo diferente, del gótico al renacentista pasando por diversas amalgamas arquitectónicas, con muros decorativos que, en ocasiones, están recubiertos de frescos. Hay balcones que parecen jardines y plazas que parecen cuadros.

    Me dan un poco de pena los turistas que hacen una excursión desde Venecia o Milán y se limitan a visitar la Arena y la casa de Julieta. Me gustaría decirles: "explorad la ciudad, que está llena de tesoros y no sabéis lo que os estáis perdiendo".

    Además, Verona es una ciudad viva, mucho más de lo que me parecía cuando era adolescente. Hay restaurantes tradicionales que en cincuenta años no han cambiado ni las sillas situados junto a locales a la última moda.

    Hay calles por las que perderse en medio de la multitud y, justo al lado, rincones llenos de paz y silencio. Hay avenidas flanqueadas por boutiques de las grandes firmas de la moda, pero también por tiendas artesanales y pequeños establecimientos típicos.

    Si se cruza el puente Pietra y se suben las empinadas escaleras que llevan a Castel San Pietro, entre cipreses y adelfas, justo al lado del teatro romano, se ve la ciudad desde lo alto: abrazada por el río Adige, con su trazado urbano geométrico, sus innumerables campanarios apuntando al cielo y la torre Lamberti que se eleva desafiante.

    ¿Cómo puede uno no enamorarse de un sitio así? No está bien que lo diga yo, pero Verona es la ciudad más bonita del mundo.

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    Cómo llegar a Verona