LAS PLAYAS DEL GARDA

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    las playas de Garda

    Autor: Alessio Corazza - Twitter

    Los veroneses tienen el mar detrás de casa. Un mar que en realidad es un lago. El lago de Garda. El espejo de agua más grande de Italia. Siempre me ha parecido un gran privilegio vivir tan cerca de un lugar que millones de personas escogen para veranear. Es un lugar especial, de deslumbrante belleza, que sorprende siempre. Pero hay que conocer el Garda para poder deleitarse hasta el final, empezando por las playas.

    La playa más famosa y bella del lago es la Baia delle Sirene (Bahía de las Sirenas), a pocos kilómetros al norte de la villa de Garda. Durante años, visitar este lugar mágico, sumergido en un bosque de olivos con una bahía de agua cristalina, ha sido una aventura. Había que aparcar en lugares prohibidos, al borde de la carretera, saltar una puerta o meterse en un agujero debajo de la valla, bajar por senderos pequeños y empinados antes de encontrarse en una especie de Paraíso.

    Desde hace algunos años, la situación se ha reglamentado. Hay un aparcamiento de pago, y se paga también para entrar en la playa, equipada con tumbonas y servicios. El encanto salvaje del pasado se ha perdido un poco, pero el lugar ha ganado en limpieza y accesibilidad. Y la playa sigue siendo la misma, magnífica. Y, si estuviese muy concurrida, se puede optar siempre por un ambiente más recogido y refinado como Punta San Vigilio, a unos cientos de metros antes.

    Un poco más al norte, justo después del promontorio de la Bahía de las Sirenas y poco antes de la localidad de Torri del Benaco, hay una playa ideal para quien busca tranquilidad y silencio. Desde la carretera Gardesana, se ve un simple cartel: Lido Brancolino. Bajando por las escaleras estrechas y empinadas uno se encuentra de pronto en un oasis de paz, equipado con tumbonas, duchas y bar.

    Para acceder a estas playas se paga una modesta tarifa de entrada. Pero la mayor parte de las frecuentadas por los veroneses son libres. Una de las más conocidas es la llamada “Cavalla”, al comienzo de la Villa de Garda. Puede estar bastante concurrida, especialmente los fines de semana, pero un lugar para extender la toalla, antes de zambullirse en un baño refrescante, se encuentra casi siempre.  

    Siempre en Garda, hay al menos otros dos sitios dignos de tener en cuenta para quien, en una playa, busca también la música y la diversión. El primero es La Motta donde, alrededor de un quiosco que sirve bebidas y refrigerios, se reúne tanta gente para tomarse un aperitivo. El público aquí es muy joven y llena las fiestas que, sobre todo el viernes por la noche, son una de las especialidades de la casa. El segundo es el Lido, donde se reúne un público un poco más maduro, para bailar y escuchar música en vivo.

    Una de las reglas no escritas del lago de Garda es que cuanto más se avanza hacia el norte, más fresca y transparente es el agua. Probar para creer, Bahía Stanca, justo después de Torri del Benaco: aquí el lago adquiere un color casi esmeralda y – en los días más diáfanos – parece casi tocar la otra orilla con un dedo. Desde aquí hasta Malcesine hay una sucesión de pequeñas playas rocosas, con una vista magnífica: el único problema es cuál escoger.

    Una experiencia “gardesana”, sin embargo, no sería completa sin una parada, volviendo a casa, para un último aperitivo, para cenar o para desenfrenarse en una pista de baile. Muchos veroneses, con ese fin, se paran en el café La Pedrera, en Affi, justo antes de entrar en la autopista.

    Una inmersión en el agua, una toalla y un cóctel al atardecer: desde este punto de vista, nosotros los veroneses tenemos realmente mucha suerte. Podemos veranear cada año sin tener que movernos de casa.

     

     

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