MANTUA ENTRE CULTURA Y COMPRAS

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    Mantua entre cultura y compras

    Autor: Alessio Corazza - Twitter

    A pocos kilómetros al sur de Verona, Mantua conserva intacta la rica herencia de los Gonzaga, llena de plazas y edificios magníficos, y su importante tradición gastronómica. Además, la capital italiana de la cultura 2016 también es un popular destino para ir de compras.

    Mantua fue nombrada hace poco capital de la cultura italiana para el año 2016. Un reconocimiento justo para la ciudad que acoge un festival de literatura de proyección internacional, que se desarrolla de forma anual el mes de septiembre en las plazas y los teatros. Pero por supuesto siempre hay un motivo para visitar esta ciudad al sur de Verona, a la que se puede llegar en tren o por autopista.

    Desde el punto de vista geográfico y arquitectónico, Mantua es una pequeña joya. Llegando por el oeste, se la ve sobresaliendo como una isla. Si Verona está envuelta en el meandro del río Adigio, tres lados de Mantua están rodeados por los lagos formados por el río Mincio, que nace en el Lago de Garda y continúa su camino hasta desembocar en el Po. Estos espejos de agua contribuyen a aislar el centro histórico de todo lo que hay alrededor, hasta el punto de que el perímetro de la ciudad está fortificado por los muros.

    De esta manera, si entras a Mantua por el Castillo de San Giorgio, tendrás la impresión de cruzar el umbral a un mundo aparte. Lo que aguarda al visitante es una sucesión de plazas magníficas y de edificios majestuosos, fruto en gran parte de la huella de los Gonzaga, la histórica familia que gobernó la ciudad durante cinco siglos.

    La histórica residencia de los Gonzaga, el Palacio Ducal, es famoso sobre todo por la Camera degli Sposi, con una bóveda decorada con frescos del gran pintor Andrea Mantegna, el ciudadano más célebre de Mantua después del poeta latino Virgilio. Sin embargo, mi lugar preferido de Mantua está algo al sur del centro, a un cuarto de hora a pie desde la céntrica Plaza Sordello. Es el Palacio del Té, un oasis de paz y de maravillas artísticas realizado en el siglo XVI por el célebre arquitecto italiano Giulio Romano.

    Visitar el Palacio del Té es como entrar en una pinacoteca. Solo que, en este caso, no hay cuadros en las paredes; los cuadros... son las paredes. Todas las habitaciones están completamente llenas de frescos, con escenas clásicas extraídas de la mitología griega, desde la sala de "Eros y Psique" hasta la "Caída de los gigantes", la que cuenta con una escenografía más espectacular para mi gusto. Si hace buen tiempo, se puede disfrutar también del parque que hay alrededor, un lugar ideal incluso para ir de pícnic.

    Y hablando de comida: lo que hace que una visita a Mantua sea especialmente placentera es también su rica tradición gastronómica. Mantua forma parte de la región de Lombardía y tiene una fuerte influencia de la tradición emiliana. Así, en sus restaurantes y trattorias, puedes degustar tortelli de calabaza, tallarines, carnes estofadas y hervidas, pescado de agua dulce además del postre más típico de la ciudad, la sbrisolona, una tarta de pastaflora a base de almendras.

    Mis amigos mantuanos me han aconsejado algunos lugares típicos de la ciudad para comer, y entre ellos el que más me ha impresionado ─y no solo por su peculiar nombre─ es el restaurante Quattro Tette (Cuatro Tetas en español): recetas sencillas, raciones abundantes, mesas compartidas y módicos precios, todo ello en una atmósfera muy familiar. El único problema es que solo abre dos horas (desde las 12.30 hasta las 14.30) y no acepta reservas, así que hay que tener paciencia.

    A menudo voy a Mantua sin pisar siquiera la ciudad. El motivo es el Mantova Outlet Village, una verdadera y auténtica villa del shopping justo fuera de la salida de la autopista, con decenas y decenas de tiendas de grandes marcas con un gran surtido de prendas a precios competitivos.

    Antes de Navidad y con motivo de las rebajas de fin de temporada, el Outlet se llena de miles de personas y se forman largas filas de coches justo fuera de la estación de peaje. En esos casos, mejor renunciar al shopping y dirigirse al centro de Mantua: dejo el coche en el aparcamiento de Sparafucile, recorro a pie el puente de San Giorgio y me sumerjo en la ciudad, un oasis de paz a salvo del frenesí y la confusión.

    Localización: Verona · Ver en Google Maps

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