VERONA EN BICI

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    Verona en bici

    Autor: Alessio Corazza - Twitter

    Es domingo por la mañana, un bonito día de sol. Cojo mi bicicleta y pedaleo a lo largo del río Adige. Es un pequeño rito, compartido por miles de veroneses. De hecho, todos los domingos el tramo de lungadige Attiraglio, entre el puente Catena y la zona de Parona, está cerrado al tráfico. De esta forma, la calle, en lugar de automóviles, se llena de personas a pie, en patines clásicos y en línea, monopatines y, sobre todo, de bicicletas.

    Es un trayecto simple y escenográfico. Se bordea el río, en dirección contraria a la corriente. Se puede bajar también por la orilla, donde hay un camino excavado en contacto directo con el agua. Al seguir pedaleando, al rato aparecen a la izquierda las verdes colinas de la Valpolicella, al frente se ven las montañas.

    Normalmente llego hasta el puente de la Diga del Chievo, un barrio en la parte noroeste de la ciudad. Lo atravieso y regreso a la ciudad por el precioso carril bici que zigzaguea por el canal Camuzzoni. El trayecto completo, entre ida y vuelta, es un anillo de casi una decena de kilómetros que permite conocer una Verona distinta, popular, rural.

    Esta es solo una de las muchas rutas posibles de Verona para quien ama montar en bicicleta. Verona es una ciudad de amantes de la bicicleta, con muchísimos ciclistas. Al mismo tiempo, la bici se usa cada vez más para los traslados en la ciudad como alternativa al coche. En los últimos años, se han creado numerosos kilómetros de carril bici. Y precisamente ha abierto en Verona la exposición internacional de bicicletas más grande de todo el país, que tiene lugar en septiembre en los pabellones de la feria de Verona.

    Otra de mis rutas preferidas en bici tiene que ver una vez más con el río, pero por el otro lado de la ciudad, en lo que llamamos Parco dell’Adige Sud. Se parte girando a la derecha tras atravesar el puente San Francesco, se atraviesa el picadero del Boschetto, y se recorre un carril de tierra pero bien definido que se adentra entre bosques, prados y campos cultivados.

    Desde aquí, atravesando el puente de San Pancrazio, te puedes adentrar en una de las partes más remotas y desconocidas de Verona, aislada en una estrecha ensenada del Adige. No es casualidad que se construyera precisamente aquí, sobre 1549, el Lazzaretto, un lugar para poner en cuarentena a los enfermos contagiosos, a partir de la epidemia de peste, del que hoy sobrevive la capilla diseñada por el arquitecto neoclásico Sanmicheli.

    Si prefieres algo más cerca del centro de la ciudad, puedes probar la embriaguez de aventurarte por la ruta que se eligió para dos ediciones de los mundiales de ciclismo en ruta, los de 1999 y 2004. Aquí hace falta una buena bicicleta con cambios, buenas reservas de agua y una condición física aún mejor, porque en algunas partes la cuesta es muy empinada.

    Esta ruta atraviesa las Torricelle, las colinas cercanas a la ciudad, que se distinguen de bosques, fortalezas militares y rincones panorámicos. Se recorre vía Nievo y después se sigue por vía Castello San Felice, donde la carretera empieza a empinarse. Si te das cuenta de que la subida es muy dura, siempre puedes parar a mitad de camino, en el precioso Parco delle Colombare, perfecto para recuperar energías.

    Sólo los más entrenados conseguirán recorrer las siete curvas de las Torricelle hasta la cima. En ese punto, se gira a la derecha por vía Caroto y se pedalea hacia la ciudad, saliendo al barrio de Veronetta: desde allí se puede volver cómodamente al centro histórico.

    Si no tienes una bicicleta a mano, puedes alquilar una en una de las muchas estaciones de bicis públicas (bike sharing) que se instalaron en la ciudad hace algunos años. Y de esta forma, dejándote guiar por la curiosidad y por el instinto, podrás llegar a descubrir una ciudad nueva distinta de la que aparece en las postales, pero igualmente preciosa.

     

    Localización: Verona · Ver en Google Maps

    Cómo llegar a Verona